Entrevista a Laura Sánchez, médica intensivista

Fotografía: Helena Aranda

“Un médico siempre puede ayudar a la gente con su trabajo, pero aquí todavía más”

Se abre la puerta de la Unidad de Cuidados Intensivos y entra una camilla. En ella va una chica joven, temblando y con la mirada perdida. El cuerpo de enfermería, rápido, la rodea y se pone manos a la obra. Son tres mujeres y un hombre, todos indios. Al cabo de unos instantes aparece la médica, Laura Sánchez. Tras unos segundos estudiando la escena con semblante serio, se descuelga el estetoscopio y empieza a examinar a la paciente. “¿Bagunava?”, pregunta (“¿cómo estás?” en telugu, la lengua del estado de Andhra Pradesh). La joven apenas responde. Tiene preeclampsia, una complicación médica del embarazo que provoca altos niveles de presión arterial y, entre otras afectaciones, puede dañar los riñones y el hígado. En algunos casos es mortal.

Tras dar algunas instrucciones para tratar la paciente, Sánchez vuelve a su pequeño despacho. “La preclampsia es muy frecuente en la India”, dice. “Aparece en el último trimestre del embarazo. Como en España hay un mayor control de la maternidad, se detecta antes. Aquí las mujeres llegan en el momento del parto”. Fuera, las enfermeras siguen atendiendo la joven madre. Está hipertensa, pero se encuentra estable. Pese a la gravedad, Sánchez cree que se salvará.

Cuando llegó al Hospital de Bathalapalli en junio de 2012, el plan de Laura Sánchez era quedarse tres meses. Tras unas semanas trabajando como “rata de oficina”, el jefe de la UCI, Harish, le hizo una propuesta: tomarle el relevo durante dos años, tiempo que él dedicaría a formarse. En aquel momento, Sánchez era una intensivista recién salida del Hospital de Bellvitge sin experiencia al frente de una UCI. Pero aceptó. Está convencida de que mereció la pena: “Un médico siempre puede ayudar a la gente con su trabajo, pero aquí todavía más”.

En estos dos años y medio, Sánchez, originaria de Granollers (Cataluña), no solo ha madurado profesionalmente, sino que también ha contribuido a mejorar su área y el funcionamiento del hospital. “Ahora se lucha mucho más por los pacientes y hay menos derivaciones a otros centros”, explica.

Desde que la Fundación Vicente Ferrer inauguró el Hospital de Bathalapalli en el año 2000, éste ha atendido cerca de tres millones de personas. Sánchez lo considera el mejor del distrito de Anantapur -en el sur del estado de Andhra Pradesh- sobre todo comparándolo con la única alternativa que tienen las personas con menos recursos: los hospitales públicos. En el sistema sanitario indio, los centros privados son los que ofrecen un mejor servicio. En 2012, según datos del Banco Mundial, el gasto del Gobierno en salud supuso el 1,3% del Producto Interior Bruto (PIB) del país. El otro gigante asiático, China, dedicó el 3% de su PIB a la sanidad pública en el mismo periodo.

Pero obviando las comparaciones, el Hospital de Bathalapalli todavía tiene margen de mejora. Para que el equipamiento de la UCI sea óptimo, dice Sánchez, sólo falta una cosa: un aparato para practicar diálisis. Sirve para tratar los enfermos que sufren un fracaso renal; es decir, a quienes les dejan de funcionar los riñones. La diálisis suple su función, eliminando toxinas y líquidos del cuerpo. Ésta es una de las afectaciones que pueden padecer, precisamente, las madres con preeclampsia.

Según explica Sánchez, la diálisis también contribuiría a paliar las altas cifras de suicidios que llegan al hospital. En la India, muchas de las personas que intentan quitarse la vida lo hacen mediante el envenenamiento, por lo que el tratamiento renal es vital. Entre 2010 y 2013, ingresaron en el hospital 1.262 casos. El 33% había tomado Super Vasmol, una marca de tinte para el cabello, y el 27% había ingerido pesticidas. Los suicidas responden principalmente a dos perfiles: mujeres víctimas de malos tratos en el hogar y agricultores en situación económica extrema.

Para practicar la diálisis, Sánchez explica que es preciso contar con un servicio de enfermería con experiencia. Hace dos años no lo habría visto posible. El personal era mucho más limitado, y en ocasiones dos enfermeras tenían que cuidar de hasta siete pacientes al mismo tiempo. Mejorar esta situación ha sido otra de sus luchas al frente de la UCI. Hoy está convencida que sus compañeras de trabajo, pese a ser jóvenes, están preparadas. “Una UCI con buena enfermería funciona bien. Sin buena enfermería ya puedes poner todos los médicos que quieras…, dice.

Sánchez no prevé volver a España en un futuro cercano. Sus planes inmediatos pasan por el regreso de Harish, su predecesor en el puesto: “Aquí todavía puedo mejorar mucho la UCI. Tengo ganas de que vuelva el intensivista para que podamos trabajar los dos juntos”.

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Reportaje realizado como voluntario en el Departamento de Comunicación de la Fundación Vicente Ferrer en Anantapur, la India

Publicado el 12-11-2014 en la página web de la Fundación. Ver aquí

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